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La presidenta Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch se contradicen sobre la seguridad de Rubén Rocha Moya

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¿Quién pidió realmente la protección federal al gobernador con licencia de Sinaloa? La contradicción en el Gabinete de Seguridad que nadie ha explicado

Por el equipo de investigación | 13 de mayo de 2026

En medio de las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya por presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa, una discrepancia pública entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ha puesto en evidencia una aparente falta de coordinación en el más alto nivel del gobierno federal.

La pregunta central permanece sin respuesta oficial: ¿Rubén Rocha Moya solicitó personalmente un esquema de seguridad federal tras pedir licencia como gobernador de Sinaloa, o se trató de una recomendación interna del Gabinete de Seguridad sin que nadie lo pidiera?

El contexto: licencia, acusaciones y protección federal

Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa por Morena, solicitó licencia temporal el 1 de mayo de 2026 ante el Congreso local, argumentando que no quería entorpecer las investigaciones. Con ello perdió su fuero constitucional. Horas antes, el gobierno de Estados Unidos había presentado cargos contra él y otros nueve funcionarios sinaloenses por supuestos vínculos con el Cártel de Sinaloa (específicamente con Los Chapitos), sobornos y delitos relacionados con armas. Se trata de la primera solicitud de extradición contra un gobernador mexicano en funciones.

En ese escenario, el gobierno federal le asignó un esquema de protección adicional con elementos de la Guardia Nacional. Fuentes oficiales describen el dispositivo como “pequeño”, no un “dispositivo grande”. Harfuch ha insistido en que no existen indicios de amenazas directas contra Rocha ni se detectó “conducta ilícita” durante su gestión; al contrario, afirma que el exgobernador colaboró en operativos contra el crimen organizado.

Las dos versiones incompatibles

Versión de la presidenta Claudia Sheinbaum (4 de mayo y 13 de mayo de 2026): Durante la conferencia matutina del 4 de mayo, Sheinbaum confirmó que Rocha Moya ya contaba con protección estatal y que, tras la licencia, solicitó apoyo federal. Dijo textualmente:

“De Sinaloa tenía su propia protección. Y ahora él solicitó protección y se le da, igual que se le da a otras personas que lo solicitan a partir de un análisis de riesgo”. Al ser cuestionada directamente, reiteró: “Sí, como gobernador de Sinaloa”.

Explicó que el procedimiento es estándar: cualquier ciudadano, legislador o funcionario en riesgo puede pedir apoyo a la Guardia Nacional o al Gabinete de Seguridad; se realiza un análisis de riesgo y se decide si se otorga o fortalece la protección. “Se hace un análisis de riesgo y sobre eso se fortalece, se da o no seguridad, y en este momento pues tiene la seguridad dada la condición que estableció el propio Gabinete”, añadió.

Versión de Omar García Harfuch (4 de mayo de 2026): El mismo día, pero en una conferencia distinta en Culiacán (Novena Zona Militar), el secretario de Seguridad ofreció una narración opuesta. Afirmó que nadie solicitó el esquema y que fue el propio Gabinete quien lo recomendó:

“En este caso no fue una solicitud, sino que se recomendó también que tuviera cuerpo de seguridad. No es nada, no es ningún dispositivo grande. No han pedido seguridad nadie”.

Harfuch insistió en que la medida responde al contexto de violencia en Sinaloa y al estatus de Rocha como exfuncionario, pero descartó amenazas específicas.

Una contradicción que nadie ha aclarado

Nueve días después —este 13 de mayo—, la presidenta volvió a referirse al tema en términos similares, sin mencionar las declaraciones de Harfuch ni corregirlas. El artículo de Infobae México publicado hoy es el primero en destacar públicamente la inconciliabilidad de las versiones: o Rocha pidió protección (Sheinbaum) o nadie lo hizo y fue una recomendación interna (Harfuch). Hasta el cierre de esta nota, ni la Presidencia, ni la Secretaría de Seguridad ni el propio Rocha Moya han emitido una explicación que concilie ambas posturas.

En redes sociales, la contradicción ya genera cuestionamientos sobre la coordinación del Gabinete de Seguridad. Usuarios y analistas se preguntan si se trata de un error de comunicación, de una interpretación distinta del término “solicitud” o de una falta de alineación interna en un caso de alta sensibilidad política y diplomática.

Implicaciones y preguntas abiertas

Esta discrepancia ocurre en un momento delicado: México enfrenta presiones de Washington por la extradición, mientras el gobierno federal defiende la soberanía y exige las pruebas correspondientes. La protección a Rocha —aunque descrita como rutinaria— ha sido criticada por opositores (como el PRI) que la contrastan con casos de activistas o ciudadanos comunes que han solicitado seguridad y no la han recibido.

¿Existe un registro formal de la solicitud de Rocha? ¿El análisis de riesgo incluyó o no una petición explícita? ¿Por qué dos de las figuras más visibles del gabinete ofrecen narrativas incompatibles el mismo día? Estas preguntas, hasta ahora, carecen de respuesta oficial.

El caso Rubén Rocha Moya no solo pone a prueba la estrategia de seguridad de la 4T y la relación bilateral con Estados Unidos. También expone la necesidad de mayor transparencia y coordinación interna cuando se trata de proteger a un exfuncionario señalado en un expediente internacional.

Mientras el Gabinete no ofrezca una versión unificada, la contradicción seguirá alimentando especulaciones sobre qué ocurrió realmente entre el 1 y el 4 de mayo de 2026.