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La automedicación: una práctica común que puede poner en grave riesgo tu salud

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Imagen creada por IA gemini

Aunque parece una solución rápida y económica para dolores, gripes o malestares cotidianos, la automedicación —tomar medicamentos sin prescripción ni supervisión médica— representa uno de los hábitos más peligrosos para la salud pública en México y el mundo.

En el país, se estima que más del 80% de la población recurre a esta práctica en algún momento, lo que equivale a más de 100 millones de personas que usan fármacos por iniciativa propia, según datos de diversas instituciones de salud. Sin embargo, organizaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierten que esta costumbre puede tener consecuencias graves, desde efectos secundarios leves hasta daños irreversibles o incluso la muerte.

¿Cuáles son los principales peligros de automedicarse?

  1. Efectos adversos e intoxicaciones
    Los medicamentos pueden causar reacciones inesperadas: alergias graves, náuseas, diarreas, somnolencia, irritación en la piel, gastritis, hemorragias digestivas o daño en órganos como hígado y riñones. En casos extremos, una sobredosis puede llevar a intoxicaciones severas.
  2. Enmascaramiento de enfermedades graves
    Al aliviar síntomas temporalmente, se retrasa el diagnóstico y tratamiento adecuado de patologías serias (como infecciones graves, problemas cardíacos o cáncer), lo que agrava el pronóstico y complica la recuperación.
  3. Interacciones peligrosas
    Combinar medicamentos sin supervisión (o mezclarlos con alimentos, alcohol o plantas medicinales) puede potenciar o anular efectos, generando complicaciones impredecibles.
  4. Dependencia y adicción
    El uso prolongado e inadecuado de analgésicos, sedantes o antiinflamatorios puede generar dependencia física o psicológica.
  5. Resistencia a los antibióticos: un problema global
    Uno de los riesgos más alarmantes es el mal uso de antibióticos (muy común en gripes y resfriados virales, donde no sirven). Esto favorece la aparición de bacterias resistentes (superbacterias), haciendo que infecciones comunes se vuelvan difíciles o imposibles de tratar, aumentando hospitalizaciones, costos médicos y mortalidad.