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Por qué la mayoría abandona los propósitos de Año Nuevo: la ciencia revela las razones detrás del fracaso masivo
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- Category: Vida y Salud
- Publicado: 11 Enero 2026
- Escrito por Redacción

Apenas once días después de que millones de personas en todo el mundo brindaron por un “año mejor”, la realidad empieza a golpear: los gimnasios vuelven a tener espacio, las dietas se relajan y las promesas de ahorrar o leer más libros se diluyen en la rutina diaria. Año tras año, el fenómeno se repite y las estadísticas son contundentes: entre el 80% y el 90% de las personas abandona sus propósitos de Año Nuevo antes de que termine el primer trimestre, y muchos lo hacen incluso antes de febrero.
Según estudios ampliamente citados, como los de la Universidad de Scranton y análisis de aplicaciones como Strava (que registró millones de actividades), alrededor del 23% renuncia en la primera semana, el 64% antes de finalizar enero y hasta un 80% lo ha dejado para mediados de febrero. Solo un 8-9% logra mantener sus metas durante todo el año. ¿Por qué ocurre este fracaso tan predecible? La psicología del comportamiento y la neurociencia ofrecen explicaciones claras.Las principales razones psicológicas y prácticas del abandono
- Metas vagas e imprecisas
La mayoría formula propósitos abstractos como “estar más en forma”, “ser más feliz” o “ahorrar dinero”, sin definir qué significa exactamente ni cómo medirlo. Como explica la catedrática Pragya Agarwal, estos objetivos no cuantificables carecen de un plan concreto, lo que hace imposible saber si se está avanzando o no. - Expectativas irreales y exceso de ambición
Tras las fiestas, la motivación está en su punto máximo (el famoso “efecto nuevo comienzo”), pero la gente tiende a “hervir el océano”: quiere cambiar todo de golpe. Objetivos demasiado grandes generan frustración rápida cuando no se ven resultados inmediatos. La fuerza de voluntad, que es un recurso limitado, se agota pronto ante la resistencia del cerebro a romper hábitos arraigados. - Falta de planificación y estrategia
Las buenas intenciones no bastan. El cerebro funciona por automatismos y contexto, no por fuerza de voluntad constante. Sin un plan específico (pequeños pasos, recordatorios, ajustes ante obstáculos), el propósito depende solo de la motivación emocional, que inevitablemente baja. - El poder de los viejos hábitos y la dopamina
Las conductas no deseadas (comer mal, procrastinar, gastar de más) suelen ser más gratificantes a corto plazo porque liberan dopamina. Los nuevos hábitos, en cambio, requieren esfuerzo inicial sin recompensa inmediata, lo que crea una desigualdad natural en la competencia interna. - Perfeccionismo y pensamiento “todo o nada”
Un solo desliz (saltarse un día de gym o comer algo prohibido) hace que muchas personas sientan que “ya todo se arruinó”, abandonando por completo en lugar de retomar con flexibilidad.
¿Qué dice la ciencia al respecto?Investigaciones como las de Katherine Milkman (Wharton) y Per Carlbring (Universidad de Estocolmo) muestran que el éxito depende más de cómo se formulan los objetivos que de la cantidad de voluntad. Los que logran mantenerlos suelen optar por metas pequeñas, específicas, con seguimiento y, sobre todo, con un “por qué” emocional fuerte que trascienda el entusiasmo inicial.
En resumen, no es que nos falte disciplina: es que diseñamos el cambio de manera que está casi condenado a fallar desde el principio. El entusiasmo de enero es real, pero sin estructura, contexto y realismo, se convierte en otro ciclo de autoexigencia y culpa.
Aún estás a tiempo. Si tus propósitos de 2026 siguen vivos (o quieres revivirlos), la clave no está en prometer más fuerte, sino en prometerte mejor: más pequeño, más concreto y más amable contigo mismo. Porque el verdadero cambio no nace de castigarnos para ser mejores, sino de construir sistemas que nos faciliten ser la versión que queremos ser.